RETRATOS IMPROBABLES 02

Guante

RETRATO DE GUANTE y SU MANO

El cierre se levanta a las diez cada día laborable. Sobre las nueve y media el guante de ganchillo, aunque lleva ahí desde hace muchos años, no puede evitar ponerse algo nervioso. Tal vez hoy sea el día, piensa. Alguien entrará y le pedirá a don Julian ese guante de ganchillo del escaparate. No, el blanco. Sí, ese tan… elegante. Aunque tan temprano quién se va a fijar, se consuela mientras revisa que todo esté en su sitio.

La mañana pasa aburrida, pero a las 12 ya el sol calienta el escaparate y los bares de la calle se animan con el aperitivo. Se oyen risas y exabruptos y carreras y ruido de tacones y gritos de mujeres vendiendo lotería. Ella piensa en la palabra bullicio, pero se da cuenta enseguida de que ya no se usa. ¿Qué importa? se dice para sobreponerse de esa irrupción impertinente del tiempo mientras se mira en el espejo que tiene detrás. Y se ve bien. No entiende por qué nadie se fija ya en ella.

-¿Ella? pienso ¿Pero eres guante o mano?
-!Qué dices! !Qué más da! ¿Cual es la diferencia?
Y tiene razón. ¿Cuantas veces ha tenido que responder a eso? ¿Es que no vive si no para su mano?

El ganchillo es primoroso. Apenas cubre la mano. Le da ligereza. Ni tapa, ni protege, ni calienta. En esa inutilidad práctica radica su elegancia, piensa. No como el de al lado que es todo función y en ella se agota: solo sirve para conducir. Ella, él, están para otras cosas. Piensa en bailes y ceremonias, en amoríos, en suspiros, en gestos de indolencia, de desdén, de impaciencia. Ese guante no es solo un guante, es un signo, un heraldo, una sugerencia, una puerta a otros mundos, una declaración de principios. Pero nadie parece darse cuenta. No ya, no hoy, no en estos tiempos.
-¿Estos tiempos? ¿Pero qué tiempos son estos en los que no puedo ser lo que soy?

Sin embargo algo deben de tener cuando Don Julian les sigue poniendo en primer termino y no les sustituye. Aunque hace mucho que no viene. Que no viene nadie de la tienda, la verdad. Una chica con un plumero de vez en cuando. Nadie importante, quiere decir.

Mira a todas las mujeres que pasan y les mira las manos. Ninguna lleva guantes. La mayoría un teléfono en la mano, eso si. Solo algunas gruesos guantes de lana o de fibra para el frío en invierno. No por adorno o por coquetería o por etiqueta. Solo por el frío. Utilidad. ¿Quién iba a ponerse un guante de ganchillo en invierno?

Pero, entonces, ¿por qué está en el escaparate? ¿Por qué don Julian insiste? ¿Por qué esa crueldad? ¿Es que no se da cuenta de que el tiempo se le pasa? !Donde está don Julian¡ Si viniera se daría cuenta del desconchón que tiene su mano, que hace tan mal efecto y la hace parecer descuidada. !Descuidados¡ !Ellos, que no existen si no para lo sublime¡

A la tarde el público crece y el corazón se le acelera de nuevo. Le gustaría poder moverse, hablar. Dar golpes en el cristal para llamar la atención. !Eh, tu, párate¡ ¡Párate y mírame¡ ¿No quieres hacerme un retrato? Pues mírame como me miraba aquella joven cuando éramos jóvenes.

La tarde va terminando. Otro día que el cierre caerá y seguiré aquí. Esperando. Con estas amargadas que tengo alrededor. Otra noche que nadie, después del baile, desnudará la mano que me lleva para cogerla entre las suyas y llenarla de besos y de promesas mientras yo reposo inútil, ahora ya si, en una silla o en un tocador, que es otra palabra que ya no se dice, cansado de ir de aquí para allá !al fin¡ mientras las miro con el orgullo con el que el artista contempla su creación.

Texto y Foto: Fernando Gil /2014

Acerca de Fernando Gil

Guionista, consultor comunicación corporativa y cultural

  1. Javier Lzaro Cadena

    A ver si te gusta. La he hecho en plan barato, o sea tocando yo todos los instrumentos. Que pases buenas fiestas. Un abrazo fuerte. Javier

    Date: Tue, 2 Dec 2014 08:27:19 +0000 To: javierlazarocadena@hotmail.com

  2. Anónimo

    Me ha encantado, Fernando. Me gustaría mandarte una canción mía llamada Maniquí, de alguna manera relacionada con la foto. También para corresponder de algún modo a tu constante generosidad… No sé si podré mandártela al blog y si no, te pido tu correo. Abrazos

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