Wish You Were Here

pink_floyd___wish_you_were_300

Llevo tres días tratando de arrancar un guión. No es complicado. Una cosa para una empresa. Sobre Responsabilidad Social Corporativa. Es a lo que me suelo dedicar. Comunicación corporativa. Casi siempre veo la idea enseguida y me pongo a escribir. Sale de un tirón, casi ya terminado. Después solo queda pulir. Quiero decir eliminar cosas, que es lo realmente difícil.

Pero otras veces me cuesta. Como hoy. Hay como un muro. O más bien un florecimiento: de todo aquello que hay en la habitación capaz de distraerme, que se ilumina como neones en Las Vegas y se presenta como asuntos importantes, inaplazables, irresistibles: limpiar la encimera de la cocina, poner la lavadora, reorganizar el escritorio del ordenador, leer el periódico en internet otra vez, incluso El Mundo, mirar por la ventana, en fin, esas cosas. Y, además, si es, digamos,  jueves, me digo que tengo todavía el fin de semana. Que en vez de no hacer nada trabajaré. Esa famosa trampa.

Y así estaba cuando justo leo algo en ¡El Mundo!, entre noticias de la convención regeneradora del PSOE, de alguien que escribe sobre lo que hay que hacer para que esto no te pase cuando escribes. Y, entre otras cosas, ese famoso novelista dice que, frente al folio en blanco, el se pone Wish You Were Here, el disco de Pink Floyd de 1975, mientras escribe.

!Joder¡ Ese disco. Ese tema. Esa portada me estalla (como un neon, claro) en medio de la mañana de domingo.

Y me precipito a iTunes para comprarlo. Allí encuentro la portada del hombre ardiendo. Esa portada del grupo de diseñadores Hipgnosis/Thorgerso  metida dentro de otra funda negra, que tanto admiramos porque supuso un hito en el diseño de portadas.

Compra.

Descarga.

Play.

Y play es  Shine On You Crazy Diamond

El acorde mantenido del sintetizador empieza a surgir casi inaudible desde el fondo de la memoria. Sobre él entran, también a bajo volumen, las siete primeras notas del tema. Lentamente van ampliándose, a diez, a dieciséis, tomando volumen y tensión. Un minuto, un minuto y medio, el acorde se mantiene llenando toda la habitación hasta que en el minuto dos entra la guitarra desgarrada de Gilmour y entonces todo desaparece y rompo a llorar.

Es 1976, tengo 25 años y estoy en Huesca, en la sala común del Regimiento de Artillería de Montaña 29, un destino de “castigo” para los que hacíamos el servicio militar obligatorio y estábamos fichados por subversivos. Limpiar las mulas, soportar las arbitrariedades y la brutalidad de los mandos y los compañeros, el desprecio por todo lo que sonara a cultura, el anís, las cartas, los chistes soeces, las bromas crueles, las canciones de las Grecas… lejanía de todo lo que era tuyo. Y en medio de esa desolación, sin saber cómo, tal vez una radio que se colaba por la ventana, empieza a oírse ese disco. Es difícil comprender hoy lo inconcebible que era oír esa música allí, tan fuera de lugar, música rara, de maricones y rojos, de señoritos de Madrid. Por algún milagro nadie cambió de emisora.

Durante los más de diez minutos que dura ese tema desapareció todo lo que me rodeaba y las largas notas del sintetizador de Wright y de la guitarra de Gilmour se convirtieron en cuerdas que se entrelazaban y se extendían y se escapaban a través de las ventanas sobre el olor de la mierda de las mulas y de la soberbia ignorante del capitán, del retrato – aún – de Franco y del frío de aquel país mediocre que parecía que, a pesar de que el dictador estaba ya muerto, nunca dejaría atrás el olor a pana, a sotana, a puro, a chulería cuartelera, esa guitarra llevándome lejos de allí, al otro país que estábamos entonces soñando.

Cuando terminó, me levanté y cerré la ventana porque entraba el frío y los Chunguitos y llamaban a cenar.

Esa noche me comí aquella bazofia sonriendo.

Hoy lloro al volver a escucharla. Sin poder parar. Lloro porque me sobreviene la angustia, el miedo, la soledad de aquellos días en los que parecía que todo se perdería antes de florecer y en los que una simple guitarra eléctrica representaba otra vida. Las lágrimas que ahora afloran son las que entonces me tragué.

Pero también son lágrimas presentes, de pérdida. La de aquella ilusion por que fuera otro tiempo y otro país. La de todos aquellos que se esforzaron por lograrlo – y que lo consiguieron sobreponiéndose al miedo y la desesperanza – pero que, como los propios Pink Floyd, parecen ya olvidados, cuando más falta hacen, ahora, hoy, que el mundo que soñamos parece a punto de perderse de nuevo.

Sobreviví entonces gracias a esta canción que ahora suena en mi ordenador distrayéndome de lo que debo. Como entonces, me trago las lágrimas y trato de cumplir con mi deber.

   (Hoy domingo el PSOE, donde aún milita mucha de aquella gente, está encerrado en un auditorio tratando de recuperar la memoria)

Fernando Gil. 10.11.2013

Acerca de Fernando Gil

Guionista, consultor comunicación corporativa y cultural

  1. Uff, menos mal que te costaba… Eres una fiera con la pluma.
    Un abrazo fuerte<3

  2. Toni Valls Pou

    No sé si oír el disco te ha servido para escribir ese guión que se resistía, pero sí que ha logrado agitar tu recuerdo desde lo profundo. Es lo que tiene la música bien hecha. Siento también devoción por Pink Floyd y en concreto por ese disco perfecto. Un abrazo Fernando y gracias por compartir.

  3. sindbad

    Qué gustazo leerte, maestro!! Me has puesto la piel de pollo, imaginando la escena cuartelera.
    Un abrazote.

    • Fernando Gil

      Gracias! En tu caso será piel de pollo con reducción de frambuesas y helado de arándanos. Saludos al mejor cocinero de Valencia y más allá!

Puedes escribir aquí un comentario, me gustará escucharte.

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

La Galerna

Madridismo y sintaxis

Gustavoms's Blog

Just another WordPress.com weblog

-surfing through life-

Aventuras y desventuras de una veinteañera.

Los relatos de Victoria E. Muñoz Solano

Just another WordPress.com site

Tele y algo más

Mi relación amor-odio con el mundo audiovisual

enero11

Literatura para romper el tiempo.

A %d blogueros les gusta esto: